Pablo Amores

Desde un Rincón del Mediterráneo · Comprar

Meditación sobre las piscinas

Todo es extraño desde una butaca de avión
Todo se oculta, todo se desdibuja, las casas y las iglesias, nada
Los museos y los polígonos podrían estar vacíos,
y los cines y los teatros y las librerías,
pero las avenidas ganan, como ríos,
y los propios ríos y los lagos,
y los estadios de fútbol y los parques
y las piscinas…
Sobre todo las piscinas.
Me encanta mirar esos cuadrados y rectángulos azules muy azules, turquesas, a veces verdes, abandonadas,
redondeadas o picudas,
me encanta mirarlas al completo en zenital
imaginar a las gentes tan pequeñas ahí tan abajo, pensando en las cosas que solo se piensan desde una piscina
y entrando primero con el pie izquierdo o con el pie derecho
para que les dé suerte en una u otra cosa
y diciendo tres veces tu nombre antes de tirarse de cabeza
todas esas personas en todas esas piscinas diciendo a la vez tu nombre que me gusta tanto
las letras que lo forman que me gustan tanto
y la tilde
y cómo empieza y cómo acaba
y cómo suena en mi boca cuando le hablo de ti a la gente
o cuando te llamo porque no sé cómo quieres que corte los tomates
o dónde guardas las copas de vino o,,
cuando suave al oído, no para llamar tu atención, más bien como por el deseo de decirte algo bonito la palabra más bonita que se me ocurre,
o cuando lo veo escrito en una pantalla todos esos píxeles formando una figura que me hace sonreír formando exactamente la figura de tu nombre…
O ahora escuchándolo en esta butaca 19A de un avión de pasajeros
resonando en mí como una cueva, como una pecera, como las frecuencias para estudiar,
resonando desde tantos pies de profundidad en mi caja torácica,
todos los murmullos de todas esas personas en sus piscinas
que dicen a la vez tu nombre tres veces,
tan para adentro y tan fuerte,
que me llega hasta aquí arriba
y me tiene temblando de alegría
todo el mundo diciendo tu nombre…

Un Ser Extrañador — del libro Desde un Rincón del Mediterráneo

Por naturaleza un ser extrañador.
No importa el qué, yo echo de menos.
algo que no tuve,
algo que no fue,,
algo que se amenazó,,,

Pero también echo de menos las cosas que sí fueron
y no soporto el paso del tiempo porque yo echo de menos todo.

Echo de menos los trenes que cogía echo de menos la gente que sobraba echo de menos las cosas buenas echo de menos las cosas malas echo de menos el verano todo el rato y la primavera echo de menos las canciones de amor de 2013 echo de menos el sol cuando aún está por nublarse echo de menos camisetas echo de menos discos que puedo escuchar ahora pero ya no es lo mismo —nunca lo es— echo de menos una sensación concreta que no consigo identificar pero está ahí atrás entre la columna y el omoplato derecho echo de menos el escalofrío que me heló y enfermó echo de menos cosas que me dolieron echo de menos la tristeza de todos esos meses que no son estos y también la alegría y la espera la demora la sospecha la prórroga las tinieblas.

Pero sobre todo
te echo de menos a ti.

Aunque a veces no recuerde tu cara ni tu voz pienso en ti,
aunque a veces solo seas una sombra en la niebla una sospecha un sigilo,,,

¡¡¡ cómo no vas a echarme de menos tú a mi !!!!

si estuvimos tanto tiempo unidos
por un montón de hilos.

Domótica — del libro Desde un Rincón del Mediterráneo

Extraordinario sería ser de los cables, vivir en los cables, dentro de ellos,, ser todo fibras, ser cabellos dorados rebozados en goma,, habitar los cables y moverme tan rápido por ellos y estar en tantos sitios a la vez,,,

Y sería extraordinario porque tú vives en una de esas casas que tienen la fachada a reventar de cables un enorme tendido eléctrico un poste de la luz y una sopa negra como pelos negros que se quedan en la ducha una maraña de espaguetis en su tinta toda esa gruesa telaraña por la que yo podría pasar para entrar en tu casa y controlar las lámparas y los aparatos, una suerte de domótica un control total,, y por las noches empezaría a susurrar palabras horribles que salgan por los enchufes y no te dejen descansar y corrientes heladas del aire acondicionado y por el día solo sonarían las canciones que yo quiero que suenen y en la tele mis películas favoritas y en el ordenador lo que yo quiera y cargar tu móvil con todas las cosas que yo quiera meter pensamientos como virus troyanos hermosas frases que te recuerden todo el rato que le rompiste el corazón a alguien así y no te permitan olvidarlo por si acaso se te ha olvidado.

Un Hongo Bonito — del libro Desde un Rincón del Mediterráneo

No tiene sentido
que en mi pecho quepan
todas las cosas que tú eres.

No, tiene,, sentido,,, que esto quepa,,, en la caja torácica,, de una sola persona.

Yo creo que tienes que estar en mis piernas, en mis pies, en mis manos y en mis hombros.

Y detrás de las costillas, por supuesto, y en los oídos, incluso en la parte de fuera en la oreja que es todo cartílago y la sientes solo cuando hace frío, también ahí debes estar.

Y debajo de las uñas y no me da tiricia pensarlo. Y en el tendón de Aquiles que es tan estrecho y tan extraño.

Y en las dos rodillas y en los diez nudillos y cuando los hago crujir,, eres tú,, que se te escapa un saludo.

Seguro que estás en todos esos sitios. Como un hongo que se extiende a cada esquina y agujero a cada raíz que tengo dentro. Un hongo bonito.

Me lo imagino de verdes y azules y morados. Un hongo que al microscopio es como pinceladas de un cuadro visto muy muy de cerca. Un hongo tan bonito con su micelio. Un montón de filamentos como hermosos hilos de seda blanca bajo mi piel mi tierra mi superficie.

Una telaraña de sentimientos.

Un auténtico milagro de la naturaleza, que quepas,, aquí dentro,,, y te lleve conmigo,, a todas partes.

La Telaraña de los Sueños — del libro Desde un Rincón del Mediterráneo

Creo que tengo miedo de volver a casa porque sé que me espera el mal en la escalera
en el rellano en la cocina sé que me espera tu vacío en todas partes porque los días son otros porque te huyo como un loco pero todo llega,,, y yo te escribo y no lo mando te extraño y no lo digo te olvido y no te olvido

pero es que yo todo lo que hago lo hago a mi manera.

Aunque no quede esperanza aunque no haya nada en la nevera aunque tu ausencia sea tan afilada aunque en las noches cuando todos brindan por cosas yo, en silencio, lo haga por ti, por no verte mal,,
por no volver a verte mal,,,

aunque ya no me quieras aunque las veces que te vea vea en tu cara en tus ojos lo que ahora soy en tu boca.

Y si te preguntan por mí,,, puedes decir lo que quieras, y contar la verdad a medias, que los dos estuvimos esa tarde de enero en la playa vacía, que los dos luchamos con las sombras y la metralla, que los dos acompasamos los suspiros una vez y en silencio otra vez, en la oscuridad,, no lo dije pero yo también recibí un disparo y al día siguiente la bala seguía ahí, la niebla era más densa, casi opaca,,

una estampa tan triste y tan hermosa y yo luchando tratando de no romperme, un cowboy de hielo y roca, y desde entonces son raros y cortos los días, la niebla sigue cubriéndolo todo,, y yo sigo sin verte más seguimos sin vernos más,,,

pero ahora duermo un poco mejor, he comprado un atrapasueños y cuando me malvisitan tus fantasmas, tus promesas tus reproches tus frases a medias tus miradas de esa mañana helada todas esas cosas malas

se quedan ahí, atrapadas en el centro del atrapasueños,, justo en el centro de la telaraña,,, donde se quedan los malos sueños y por eso duermo un poco mejor.

Pero en silencio, en la oscuridad, a veces me llega un suspiro pidiendo ser recordado y yo

hago lo que me pidas como en la oscuridad de aquella noche hice todo lo que pediste.

Fantasma 2 — del libro Desde un Rincón del Mediterráneo

Hace poco me vi convertido en el fantasma que miraba las pantallas de los teléfonos de los pasajeros del vagón n° 9 de un tren de larga distancia.

Y aquí sigo.

Pero antes de este tren yo habitaba las azoteas y como el demonio de esa película podía retirar los tejados y ver el interior de las casas. Y así pasaba las tardes observando a las personas cocinar hablar con sus mascotas ver la tele gritarse lavarse los dientes y con especial atención escuchaba las cosas que se dicen antes de dormir.

Y cuando se iban a trabajar les abría los cajones y leía las cartas de amor y las postales que guardaban de sus familiares. Y tantos años llevo en esto que también he visto a los familiares recibiendo ilusionados

y leyendo y releyendo durante cuatro días las mismas líneas observando cada detalle de la foto de la postal de Alicante que su sobrino eligió para ella.

Un fantasma de lo ajeno siempre lo será, atrapado en un tren o tumbado silbando vientos, como en una hamaca, sobre los tendederos de una azotea del sur de Madrid,, y ya no me preocupa mi opacidad, ya no temo desaparecer,,, porque siempre tendré los sentimientos ajenos las postales secretos suspiros y susurros que no son míos y que me mantienen levitando en este estado gaseoso.

*